Las etiquetas anatómicas, desde el clásico atlas de Gray hasta los sistemas digitales modernos, han servido como puente entre la teoría y la práctica clínica. Su evolución refleja avances en tecnología de imágenes, la incorporación de la inteligencia artificial y la necesidad creciente de estandarizar la comunicación entre profesionales. Aunque el principio básico se mantiene, la forma de representar la información se ha multiplicado, generando debates sobre la mayor claridad o sobre la sobrecarga cognitiva.
En la última década, la digitalización ha impulsado el desarrollo de anotaciones interactivas que permiten superponer información sobre imágenes en tiempo real. A la par, la normativa de organismos sanitarios exige niveles de detalle que varían entre especialidades, lo que ha estimulado la creación de plantillas personalizadas. Sin embargo, la proliferación de estilos dificulta la interoperabilidad, obligando a los médicos a adoptar una mentalidad de “lectura crítica” de los símbolos que encuentran.